Mensaje del Santo Padre Francisco

XXVIII Jornada Mundial del Enfermo

   

11 de febrero de 2020


«Venida mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)


Queridos hermanos y hermanas:


1. Laspalabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados yagobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el caminomisterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio aquienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijodel hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántaspersonas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan aÉl, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús diceesto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por loscaminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores,marginados... del peso de la ley del sistema social opresivo...Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra quedaba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).


En la XXVIIIJornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a losoprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que,heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quiensiente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, noimpone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora.Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porquemiran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan atodo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie,e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.


2. ¿Por quéJesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió laexperiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre.Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá serconsuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedadesincurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación ocuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de lainfancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe unacarencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo deacercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar,para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona sienteque está comprometida no sólo su integridad física, sino también susdimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, ademásde los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva,amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vezpide consuelo y cercanía.


3. Queridoshermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modoparticular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazónde Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanzapara vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él,efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y laspreguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu.Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte yresurrección nos libera de la opresión del mal.


En estacondición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesiadesea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritanoque es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la quepodéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida yen el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por lamisericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruzhaciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se puedamirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro paravuestra vida.


En esta tareade procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentessanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo,auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir lapresencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enfermacurando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con susfragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras:«Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su veza convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa yhumilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio2014).


4. Queridosagentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica,de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la personaenferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo“enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente ladignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia,al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado dela enfermedad sea irreversible.


En laexperiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente acasos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáisllamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentidopleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece aDios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf.Instr. Donum vitae, 5; Cartaenc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde quesurge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la feen Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es paravosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y ala persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridadcristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a lavida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidarde él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.


Lamentablemente,en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario ylos centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están enel punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretendemanipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de laprofesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al serviciode los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.


5. En estaXXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanasque, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos,porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las institucionessanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que nodesatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico.Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se cooperepara que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y larecuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponenal servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructuralesy reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo BuenSamaritano.


Encomiendo ala Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevandoel peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. Atodos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto decorazón la Bendición Apostólica.


Vaticano, 3 de enero de 2020


Memoria delSantísimo Nombre de Jesús


Francisco

 

 

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